27.4.11

No vuelvas.


no vuelvas
yo velo por nosotros cuando niños
mantengo hamacas mudas
desde siempre.

ilustración sobre poema de Pablo Giordano. Zaguan n° 6. Ed. Cipres.

14.4.11

12.4.11

los pies de mi cama


Viene hasta los pies de mi cama, está descalza y tiene el camisón de las flores. El pelo: una mano que quema la oscuridad. Dice que no me equivoque, que es ella la panzona y estúpida.
Valentina lo dice sutilmente ofendida, de algún modo sabe que estuve toda la tarde tratando de escribir ese poema donde me angustiaba crecer no por crecer sino por alejarme de la nena panzona y estúpida que fui.
También sabe que si yo soy, ella no, y si ella, yo no.
Me mira, flotando su pelo, el borde del camisón.
Pero no Valentina -intento apaciguarla- no soy yo la que te va a robar. El tiempo sólo sabe ir para adelante, y en breve nuestras infancias -las dos- van a ser imágenes perdidas que nos visiten de vez en cuando
.

(dibujo sobre poema de Eloisa Oliva, Zaguan n° 6 Ed. Cipres)

29.12.10

Poesía de combate!

Ring Paradise


Lo que quiero

es que te parezcas a Durand

en el poema ese

del no poder

y muevas los cinco dedos

(de la mano que prefieras)

en dirección a mí


Estamos creciendo

y vos te vas

como se van

los perros

o las chicas esas

a Brasil o Necochea

y vuelven más pelotudas

que en la vida anterior


Te escribo al ras

para bucear en aserrín

encontrar mi humildad

o algún tono del rosado


Me repito y lo hago mal

grito mantra! Mujer! Babosa!

Porque sé que las palabras

Son cosas que querés


Porque sé caer

porque ya caí

y tengo infancias

que no terminan

bien

mi tanque y trampa

es la cadencia


Estoy abriéndome

como una lata

deberías comprenderlo

de esta forma


Ahora sí

me quedan pocas cosas

por pensar


En tu pena quizás

ese círculo de ardor perfecto

en mi vecino

en los brazos de mi vecino

estrangulo cuatro cachorros

con toda su bondad a cuestas


O en el chico ese

el día que levantó su existencia de la vereda

y dijo


Mi alma es redonda

y ustedes

putos cobardes

solo quieren

sentarse alrededor


Elisa Gagliano (Super Pony Blues)




Adelanto del Zaguan Nro 6 (Ciprés Ediciones) que alegremente me invitaron a ilustrar.


14.9.10

muestra!


en una semana donde la oferta cultural es tan exuberante, rica y variada,

me siento la Zulma Lobato cordobesa... una opcion clase D:

" Muestra de Cinco artistas Cordobeses"

artistas:
Juan Ferreyra, Nicolás Bertona (ja!), Héctor Aguirre, Marita Arrieta y Liliana Rago.

Lugar/dia/Hora:
CAC Centro de Arte Contemporaneo ( Av Cárcano 1750 frente a Feriar) jueves 16 de septiembre a partir de las 19:00Hs (dia unico).

espero-los

6.9.10

dioses del fuego

Me siento en los banquitos de la plazoleta. Froto mis manos y levanto el cuello de la campera. Veo los autos estacionados, uno detrás de otro. Las luces de las casas apagadas, las ventanas y las puertas cerradas; la calle vacía y pienso que ésta podría ser una buena cuadra.


El Gordo sale en silencio. Arrastra los pies. Apenas trae un buzo. Él nunca siente frío. Me saluda y le pido que me toque. Con sus manos grandes y pesadas envuelve las mías, luego me acaricia el cuello y se queda un rato hasta que pregunta:

- Ya está

Siento que el calor se expande por todo mi cuerpo y le digo que sí. Que puede dejar de tocarme.



Caminamos por medio de la calle sin decir ninguna palabra. Nos colgamos viendo los grafitis en los paredones del colegio. Yo también escribí alguna vez en contra de las monjas y los curas, pero ahora todo eso me parece una pendejada.


En una de las esquinas pasa un remis que al vernos disminuye la velocidad.

- Ya saben que somos nosotros- le digo al Gordo.

- A mí no me importa- responde.

- Dicen que tienen dos balas guardadas para cada uno-




Vamos hasta la pasarela. Pasamos por la cancha de básquet de barrio los payos y a media cuadra del río nos espera el Cuca en su camioneta. En la caja, tapados con una colcha hay dos piedras grandes y un bidón de nafta. ­­El Cuca nos ve, prende el motor y abre la puerta del acompañante. Las luces bajas se encienden y sentimos cada vez más de cerca cómo retumba el motor de la Ford, y vemos el humo del caño de escape envolviendo el vehículo.

Apenas nos subimos a la cabina, el Cuca pregunta por el remisero.

- Creo que nos está siguiendo- dice el Gordo.

- Nos quiere agarrar con las manos en la masa- dice el Cuca.

- No sean putos. Todo va a salir perfecto- digo.

El Cuca espera que el motor se caliente y recién pone primera.


Una cuadra antes de que lleguemos saco un camel y le pido al Gordo que me lo prenda. El Gordo se pone el cigarrillo en la boca y con los dedos toca la punta del tabaco pero la llama nunca aparece. Se enoja y arroja el cigarrillo partido a la alfombra de la camioneta. Con el Cuca nos reímos y lo cargamos, le decimos power grasa. El Gordo se enoja y nos aprieta las muñecas y esta vez sus palmas queman. Recién nos suelta cuando comienzo a gritar y vemos la calle elegida. En la piel me queda una marca roja.

Como lo planificamos, el Cuca deja la camioneta atrás de la escuela primaria. Apaga el motor y de repente el silencio parece absoluto. El Gordo carga las piedras, yo el bidón.

A media cuadra vemos el ford sierra blanco con alerones en la parte de atrás, una calcomanía de Salta en el vidrio y faros anti- nieblas.


_ Por qué este – pregunta el Cuca.

_ Porque si- respondo

_ A mí me gusta más la camioneta- dice el Gordo.

_ Ya te dije que este no tiene alarma- digo.


Por la esquina pasa un auto blanco. Nos escondemos detrás de un árbol y nos agachamos. Permanecemos en silencio. Otra vez vuelvo a sentir ese hueco en el estomago; esa sensación que me paraliza las piernas y a veces me corta la voz, pero lo observo al Gordo, blanco del miedo, y al Cuca que comienza tartamudear y sé que no puedo achicarme. Respiro profundamente, una y otra vez, el pecho se me infla, los hombros se me levantan hasta que logro calmarme y me paro. Le quito las piedras al Gordo y me acerco al Ford sierra. Sin pensarlo mucho golpeo la ventanita del lado del conductor con la punta de las piedras y los vidrios se parten en cientos de pedazos que caen al suelo. Hago lo mismo del otro lado, pero esta vez tengo que envolver la campera en la mano y empujar para que quede el hueco. Por atrás, lo veo al Cuca que aparece con el bidón. Todo comienza a funcionar como lo planeamos. El Cuca mete la punta del recipiente y lo mueve para que el líquido se esparza por todas partes. Aspiro el olor a nafta y siento que llega a mis pulmones. Respiro con la campera en la nariz
.


El Gordo mete la mano en el auto, la cierra, la abre y la apoya en el tablero y una llama sale de su palma. La nafta de a poco comienza a arder. Primero es un hilo azul y rojo que se extiende rápidamente a lo largo del caucho, hasta que una estampita de San Cayetano, colgada en el espejo retrovisor, es alcanzada por el fuego y un pedazo de papel, casi carbonizado, cae despacio sobre uno de los asientos y entonces por fin el fuego parece adueñarse de todo. El tapizado, la palanca de cambios, el volante, la goma espuma, el tablero de luces, arden. Y el sonido es como una bocanada gigante que queda constante en el tiempo.


El humo sale por los orificios rotos y de a poco toda la parte de adentro parece perderse en esa masa uniforme que despide un olor a mezcla de caucho quemado con nafta. La noche fría desaparece y el calor nos pega en la cara y entonces corremos alrededor del vehículo, nos empujamos, saltamos y gritamos. Tiro patadas al aire. El Gordo mira al cielo, alza sus brazos y sonríe, parece otra persona. Lo abrazo y siento su calor más que nunca. El Cuca arroja hacía arriba el bidón que se eleva y choca en una rama pelada y cae sobre el yuyo. Los vidrios comienzan a pintarse de negro y de golpe el parabrisas estalla y sabemos que es hora de correr.



Dejamos el lugar mirando siempre para atrás y el auto ya es una bola de fuego. Las luces de algunas casas se encienden y sentimos un portón que se abre pero no nos importa. En la esquina nos detenemos y observamos el humo que se eleva en la noche helada y nos damos cuenta de que cualquier persona que esté despierta en cualquier lugar de la ciudad y mire hacia el cielo, será testigo de nuestra obra. Nos sentimos dioses del fuego.


El Cuca nos apura y subimos a la camioneta. El motor vuelve a retumbar y salimos para el otro lado. Doblamos en la esquina y despacio nos alejamos del lugar que seguramente ya estará lleno de personas preguntándose qué pasó y tratando de apagar lo que ya es imposible. Una sirena se escucha a los lejos y el Cuca mira por el retrovisor y ve un remis a los lejos. El Gordo vuelve a ponerse blanco y cierra con fuerzas sus manos. Yo me tomo la cabeza y le digo al Cuca que acelere. En una calle de tierra doblamos y pienso otra vez en las balas que esperan por nosotros.-



texto: Fabio martinez dibujos: bzt:


30.8.10

fin de mundo II


"si vamos a creer, que sea en varios..."
(dibujo en vivo en evento Nave niebla)